noviembre 27, 2006

Hágalo usted mismo

No lo culpamos por no haberse enterado que el pasado fin de semana se realizó el II Tianguis de Escritores Leoneses en el Museo de la Ciudad. A final de cuentas, parece que ni los mismos escritores se enteraron (o quisieron enterarse) del evento, que apenas reunió a unas 30 personas.

Estar presente en esa reunión era como remontarse al tiempo unos 15 años: artistas que se quejan de que el gobierno no los pela y que despotrican de que no son incentivados ni estimulados por la sociedad para hacer su arte; que no hay quien los financie y que nadie toma en serio la cultura.

Estas quejas las hicieron en su momento (hace 15 años) los pintores y los teatreros y ahora ya prácticamente no se manejan en ese discurso. ¿Las musas les hicieron justicia y les hallaron cabida en el presupuesto oficial? No. Aprendieron que es mucho más efectivo rascarse con sus propias uñas.

Si se ve cuántas temporadas teatrales son mantenidas por grupos y foros independientes y cuantos artistas plásticos se abren paso para llevar su trabajo a espacios expositivos que no tienen nada que ver con los tradicionales museos, puede percibirse de inmediato un ligero aire trasnochado en las exigencias de un sector de los participantes del Tianguis de Escritores.

La cosa llegó al extremo casi grosero de tener a Juan Meliá, no como orador invitado, sino como ocupante del banquillo de los acusados al que se le hizo contestar punto por punto a un pliego petitorio que incluía cosas que, uno, no se podían resolver de momento ni por una sola persona (un fideicomiso para publicaciones) o que, ¡hello! Ya se hace (como stands de publicaciones locales en la Feria del Libro).

Elegante como es, Juan Meliá puso el dedo en la llaga de una forma muy amable al decir que: “Los escritores, como todos los artistas, deben asumir un compromiso con su mundo”, para responder a cuestionamientos de tipo “Nunca nos enteramos de los eventos literarios en que podemos participar. No todos leemos el periódico o vemos la televisión” o “Mi amigo es un gran poeta y no lo invitaron al Encuentro de Escritores de la Feria”.

Me veré muy mala leche si quieren, pero ahí me pareció ver más bien una asamblea de aspirantes a escritores que esperan que las musas toquen a su puerta con el Reconocimiento Oficial que su pluma y talento merecen.

No se habló acerca de si al público lector le interesa lo que los señores quieren publicar. Tampoco de que tan conscientes están estos señores de su calidad y pertinencia literaria. Abundan los “grandes poetas” cuya única orientación y crítica ha sido su círculo de amistades o familiares, justo el tipo de personas menos aptas para decir “oye no, eso está chafa o muy choteado”.

El meollo del asunto es que hay muchos escritores y poca gente o instituciones que le entra a publicarlos. Ante este panorama, ¿por qué en lugar de desgastarme en pedirle al gobierno que me publique un libro que a final de cuentas con trabajos tendrá 100 lectores, no lo publico yo mismo?

No nos referimos a la publicación tradicional, que es por naturaleza costosa, pero ¿Qué tal poder hacer un poemario muy bien hecho cuya impresión, ejemplar por ejemplar, la costeé quien lo compra a no más de 80 pesos, que no tenga que ser impreso a tirajes voluminosos y que alguien pueda comprar en Amazon.com desde cualquier parte del mundo?

Bueno, así funciona Lulu.com, uno de los más populares servicios de impresión sobre demanda en internet. Cualquiera con inquietudes y algo que decir puede hacer su propio libro y, si quiere, ponerlo a la venta en internet. Sólo se imprimen los ejemplares que se venden, nada de almacenar, distribuir o pagar tirajes elevados para que costee el offset.

Mejor aún, ¿Por qué afanarse en hacer un libro de crónicas si se puede levantar un blog sin casi nada?

La literatura no es ópera ni teatro. Es un arte que sólo requiere de uno para hacerse. A final de cuentas al escritor lo hace el tener algo que decir y alguien que lo lea. En esa triada no es imprescindible el gobierno (bienvenido cuando se pueda), pero siempre, como dicen esos libros de bricolaje, es mejor hacerlo uno mismo.

Publicado en A.M. León el 25 de noviembre de 2006.

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