enero 31, 2009

Como una papa sin catsup

Este año yo no quería saber nada de Palenque. Como mis vacaciones se cruzaron con la etapa de planeación de la cobertura, pues ni me inmutó que no me agendaran nada. Después de todo, no se me antojaba nadie del cartel. No quería pasar otras 3 horas escuchando a Chente Fernández (me aburre a partir del minuto 61), ni ver de nuevo a Paquita la del Barrio.

Cuando ya tenía bien cimentada la idea de que todas las noches de enero me dormiría temprano, me llegó una sorpresiva invitación para cubrir la presentación de Gloria Trevi. Pensé que si esta mujer había llamado la atención de Carlos Monsiváis, pues habría de tener.

Ya lo había sentido antes, pero ahora lo reafirmo. Lo que me interesa del Palenque no es el espectáculo, sino el acontecimiento social, sentir cómo la gente se emociona, como grita, como se hace un solo ente al influjo de un artista. Y Gloria Trevi lo logra muy bien.

Es la primera vez que la veo en vivo. Definitivamente es muy buena show woman, en el sentido de que, sin ser una super dotada en ninguna faceta (pegúntenle a Emma Pulido qué tal baila), sabe explotar muy bien lo que tiene a base de un carisma tremendo. Para mí estaría perfecta si fuera más Madonna y menos Evita Perón. Lo digo porque los panegíricos rebeldes y sus proclamas entre canción y canción sobran. No le hacen falta en absoluto.

Y me gustó que su show durara lo que tenía que durar. No me hace gracia que, sobre todo en el palenque, los artistas piensen que están en una bohemia de cantina y prolonguen su actuación hasta extremos anticlimáticos.

Y bueno, para mí resultó harto paradójico que estuviera ahí, escuchando a una cantante que abandera la rebeldía, tremendamente acotado la seguridad privada de la Empresa Tapatía, pero eso es tema de otro post.

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